”¿Qué has estado haciendo todos estos meses?”

Mentirme.

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Huyo de la gente porque no soporto mi risa en sociedad. Me aturde tal felicidad.

A veces me quedo en casa y me descubro muerta entre estas paredes tan blancas. Tan rotas.

Se deshacen y me caen encima, me llenan la piel de heridas y me rompen las costillas.

Tengo la boca llena de yeso y me miro desde arriba. Me relamo sin cuidado y me agrieto los labios pero nada me duele porque ya no existo. Soy sólo un puñado de muros destrozados, un montón de escombros en medio de un salón sin gemidos.

Ya no hay vida en esta realidad.

A veces me descubro muerta y atrapada en algo que a mí me gusta soñar recuerdo.

Me he cortado el pelo cada vez que he visto tu sonrisa en mi reflejo y ya lo llevo por encima de los hombros.

Hazme un favor, no vuelvas a sonreírme jamás.

Me han descubierto a Keaton Henson y me ha dejado las venas llenas de ceniza. No he podido volver a ser la misma desde que escuché The Pugilist. Ojalá lo entendieses.

Llevo demasiado tiempo queriendo y no sé a qué. Ni a quién.

Todo lo que reventaste se ha quedado hueco y ahora la única obsesión que me mantiene a salvo es Lara.

Lara es calma, calidez y paz. Lara mece mis sábanas y me acaricia el pelo hasta que me quedo dormida. Me salva las pesadillas y me recuerda que estoy viva.

Lara me escribe y no lo sabe. Ojalá lo supiese.

La última Libertad ya ha muerto, mi niña interior se ha quedado con todo y me ha escrito tu nombre en las paredes del estómago con los pedazos que guardó de aquella taza rota. Ahora cada vez que toso escupo todas tus putas vocales.

Que nunca me leas, ni me recuerdes, ni pienses que hiciste grande todo lo que no existía porque todo eso estaba ya dentro de mí.

No fuiste tú quien me abrió en canal, amor. Dejaste un cuchillo en mis pies y la fragilidad hizo el resto mientras te marchabas.

Ojalá nunca lo sepas.

<<Fantaseo un instante con recoger mi cabello en una larga cola de caballo. Estoy en la cocina encendiendo una cerilla. Desearía quemarlo entero y verlo arder. No hacer nada y dejar que me consuma.

Voy a hacerte un traje con mis cenizas.>>

”Alejandra”

Lara Moreno-Ventas Losada

El desgarro.

La asfixia de una garganta rota.

Huesos arañando piel.

Un lunar en mi mano derecha.

Tu lunar.

Una mentira.

Los brazos huecos.

Las uñas blandas y los anillos cayéndose de los dedos.

La conciencia en ruinas.

Los bailes a solas y su desnudez.

La niña en la escalera, de Andrés.

Dos mentiras.

La espalda en guerra y el corazón por fuera, como siempre.

Blue Valentine y su puta banda sonora.

La lengua con sabor a hierro y náuseas.

Un jersey de punto rojo.

Tres mentiras.

La piel tintada.

La mirada de lástima de mi perra.

La de inocencia de la tuya.

El cigarro de después de soñarte.

La voz que no sale.

La marca en el cuello.

Las más de doce mil palabras que me dice Word que te he escrito desde que me (dest)rozaste.

Las que no ha podido contar porque las he borrado o la canción que nunca te enseñé porque contaba demasiado sobre mi.

 

Guerras en las que luchas y no lo ves, amor.

No lo ves.

 

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He vuelto a soñar contigo y cuando he querido despertar no he podido hacerlo.

Me he notado el pulso en los ojos, y por más que tiraba de los párpados hacia arriba, no podía abrirlos.

Ha sido como si mi propio corazón se empeñase en seguir soñando. Como si no quisiera despertarme.

”Quédate así. No te muevas. Vuelve a verlo, por favor. Necesito verlo de nuevo.”

Pero estaba despierta y sé que el sueño ha sido sólo un recuerdo. Un ”no te vayas a olvidar de cómo te abrazó la primera vez en el andén. Recuerda la fuerza de sus manos en tu cintura. Se te estaba empezando a olvidar.”

Cuando he conseguido abrir los ojos, volvían a estar llenos de ti.

Te juro que hoy hubiese dado mi vida por verte amanecer.

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Que yo moría por lamerte la punta de los dedos después de que recorrieses cada recoveco de mi piel con ellos.

Moría porque recorrieses mi piel de cualquier manera.

Moría por enseñarte los lunares que desconociste y porque tú me recordases los que olvidé que tenías.

Morí de miedo a que te fueras y ahora me muero por enseñarte lo que soy cuando no me queda miedo.

Moría cuando te confesabas morir por mi, y morí por última vez cuando te descubrí vivo en una espalda que no era la mía.

Tantas veces he muerto por ti que tu ausencia traspasa ya mi carne

y yo no puedo sentir nada.

 

Tantas veces he muerto por ti,

corazón desastre,

que apenas me quedan entrañas que encoger y si volvieses,

si acaso lo hicieras,

te dejaría las palmas de mis manos

llenas de ruinas

para que al soplarlas,

me reconstruyeras.

 

Y si volvieses,

sólo si acaso lo hicieras,

yo podría enseñarte cómo se sobrevive al desastre de un pecho en llamas.

Y recomponernos, rompernos, incendiarnos, sentirnos o llenarnos, pero abrazándonos.

 

Que yo he muerto tantas veces por ti que ya no tengo miedo a que te vayas.

Lo que de verdad me asusta es enfrentarme a lo que queda de mi sin ti.

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